Saturday, June 12, 2004

Un Cigarro Viajero y... ¿Rancio?

Voy a contarles ahora la historia de uno de dos cigarros que han viajado conmigo durante el último mes.

Todo comenzó hace exactamente 30 días en una mañana soleada en la ciudad de Cuernavaca, durante el desayuno antes de mi última conferencia. Me senté en la mesa con mi jefa y mi compañera de cabina, y después del típico jugo, coctel de frutas, huevo revuelto, y chilaquiles verdes del buffet, me di cuenta de algo inusual en mi. Al momento de preparar mi café, noté que había olvidado mis cigarros en el cuarto. Me horroricé. ¿Cómo iba a sobrevivir a las 6 horas de la conferencias sin cigarros para los breaks? Peor aún, ¿con qué iba a acompañar mi café? Mi jefa, una mujer lindísima y muy cuidadosa con nosotras, sacó una cajetilla de Benson & Hedges con dos cigarros, tomó uno y me dio el otro. El problema del café se solucionó, pero quedaba el ¿qué voy a hacer todo el día? Ella, como buena fumadora, lo supo sin que yo dijera nada. Abrió la cajetilla nueva y puso en la vieja dos cigarros: "Para tus dos descansos." Pero como es normal, mis descansos se fueron en ayudar al público monolingüe a entenderse con los gabachos, también monolingües. La cajetilla quedó en mi bolsa. Y ahí permanecieron los dos cigarros un mes, enterrados por polvera, celular, otros cigarros, kleenex sucios, kleenex limpios, cartera, llaves, y cualquier cantidad de pasajeros cotidianos de mi bolsa. Hace unos días fueron a Cancún donde pasaron tres noches en habitación de lujo, y otros dos días de conferencias. Siempre ahi. Siempre fieles y siempre a la espera.

Esta noche no he podido dormir por la costumbre tecolotera de traducir de madrugada. Pero al llegar el momento de sentarme en la ventana para mi primer bocado de nicotina, me di cuenta de que dejé los cigarros en el Café de la Selva hace rato. Entonces recordé la cajetilla dorada. Ahi estaban los cigarros viajeros. Uno de ellos levantó la mano pidiéndome a gritos la eutanasia entre mis dedos a la que hace un mes lo condenó mi jefa. Lo tomé y lo encendí con gusto por haber tenido mis provisiones. Pero al inhalar descubrí algo obvio: los cigarros, como yo, van perdiendo la frescura con las horas de espera. ¿Rancio? No importó. Por más horrible que fuera el humo, finalmente era humo. Y ¡cuánto humo! Había olvidado lo largos que son y lo mucho que duran los Benson. Pero sí que lo disfruté. Su compañero solitario espera en la cajetilla el próximo descuido en que la noche me llegue sin cigarros, y tenga que elegirlo a él por default. El cadáver del otro yace junto a la ventana.

Ahora voy a la cama con una inquietud más: sólo una fumadora compulsiva escribe su post más largo para hablar de un cigarro rancio.

(Y queda uno por narrar)


Comander, ¿ves lo que pasa cuando no estás por aqui?

1 comment:

Anonymous said...

uhhh...

y yo que vine a fumarme uno contigo y al parecer ya estas cuajada

comander, me sali de la casa sin celular y ya no pude llamarte

me perdonas?



pd: creo saber para que te hablo la diva :P