Thursday, July 22, 2004

 

la sirena encallada, alguna vez princesa del mar de lo habitual, flota de nuevo hacia aguas lejanas de eternas mentiras, exiliada por los dioses submarinos por demostrar no ser digna de sus templos de sal. desterrada porque el oro ante sus ojos se ha convertido en polvo, por marchitar toda la flora de sus aguas, por congelar hasta el más cálido tesoro y por romper el vaivén de su equilibrio milenario. abandonada porque sí, porque millones de palacios jamás satisfarían el hambre de su ego, por pretender ser reina sin siquiera conocer su reino. desolada por beberse el océano sin detenerse a contemplar el azul.

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