Wednesday, February 08, 2006

Una vida más o menos sencilla...

¿Qué tan difícil puede ser?

Hoy, mientras compartía un kebab y unas papas con mi querido Moritz y mi hermosísima Beatriz en la Condesa me di cuenta de que a veces de verdad nos complicamos demasiado la existencia, tal vez para no aburrirnos. Y es que algo tan sencillo como que coincidan dos de tus amigos en una linda tarde en un restaurante al aire libre, cuando sabes que en casa tienes en stand-by una traducción de veinte mil cuartillas para ayer, puede convertirse en una experiencia sutilmente extraordinaria.

Más tarde, cuando intentaba volver a la traducción, me interrumpió una de mis mejores amigas, de esas que sólo vemos ahí cada mil años. Es una guerrera impresionante, de mis más viejas amigas. La conocí cuando ella tenía 15 años y se rapaba los lados de la cabeza y se rasuraba las cejas a la hora en que debería estar en la escuela, a donde por cierto nunca iba, y fumabamos incontables cigarros mientras me contaba de Carlos, el amor en turno, que no le hacía caso. Hoy, unos kilos más tarde, vino a mi casa con Fausto, el otro gran amor de su vida, su bebé de 13 meses, que por cierto es hijo de Carlos (a quién dejó de ver hace 8 años y sólo reapareció para dejarla "encinta"). No sólo es una linda mamá de esas que nunca le hablan a sus bebés como si fueran retrasados mentales, sino que además es bailarina nudista, y uno de mis mayores orgullos... Por cierto, al niño lo trae con mohawk. No esperaba menos de ella.

En resumidas cuentas fue una tarde sencilla de sorpresas deliciosas, como cuando te encuentras un billete de 50 pesos en un pantalón que hace meses no te acordabas que tenías arrumbado en el closet. Además ahorita mientras posteo esto estoy chateando con Tavo, a quien todavía no conozco en persona pero con quién me siento como si llevaramos añísimos de conocernos. Me pone de muy buen humor hablar con él.


Sé que debería estar trabajando, pero quiero dejar testimonio escrito de lo feliz que me siento hoy. Sobre todo para aquellos desafortunados que leen mi blog lleno de infelicidad y flagelación constante.

Y sobre todo para mis amadas Clara, Mayte y mi Nic, a quienes últimamente los hombres les han convertido la sonrisa en lágrimas. A veces miras hacia enfrente y te das cuenta de que tal vez ellos pueden hacernos pedazos, pero por cada imbécil que nos hace sufrir, hay tras de nosotras un ejército de amigos maravillosos que nos recuerdan porqué vale la pena sonreir.

Gracias, Moritz. No sé que voy a hacer sin ti.



Now stop fooling around and get back to work, you lazy fuck! :P

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