Carta a mi conciencia
Querida implacable enemiga:
Hoy desperté sin saber qué querías,
¿no te ha sido suficiente mantenerme suspendida
entre telarañas de cortinas?
Siempre has de querer más de mí.
Mi noche en velo no te llena,
el detener de mis latidos no te gusta,
el espanto de estos ojos no te basta,
todos mis fantasmas no te alcanzan.
¿Porqué pesas tanto en mis pupilas?
¿Porqué te llevas el descanso de mis playas?
¿Porqué sonríes cada vez que me matas?
¿Porqué si soy tú y eres yo no me hablas?
Una palabra, lo que sea,
pero no te quedes mirándome en silencio,
con los ojos rojos vivos del desprecio.
No me apuntes con tu dedo, pues no puedo.
Tenerte frente a mí, junto a mí, dentro de mí,
es peor que ahogarme en mi propio aliento.
Tu presencia muda me aterra,
deseo sacarme los ojos, no verte.
Arrancarte y quemarte y perderte.
Y es tan grande el temor que te tengo,
tan profundo el ardor de estos sueños,
que hablarte a la cara no puedo,
y te escribo, te escribo y espero....
Espero que te apiades y te largues de una vez.
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