Maraña de Sesos
El incansable pasar de los minutos en blanco,
él no entiende nada.
El desfile interminable de palabra tras palabra,
la que no entiende soy yo.
"Somos circunstanciales", decía y repetía,
mientras yo me ahogaba en un vaso de dudas bien servidas.
Sí, tal vez lo somos, ¿a quién le importa?
Si la voz se le vuelve de hielo,
y su pluma es de tinta veneno,
ya es inútil intentar protegerlo,
déjalo morir... déjalo manchar el suelo.
Los más bonitos recuerdos se vuelven horrendas pesadillas
cuando al mirar junto a ti no hay más que que tu reflejo
en la triste ventanilla, que se burla de ti.
Ella se ha ido, quedo yo solo, en las manos de la casualidad.
Y he vivido las noches más frías entre sus sábanas,
mientras ella se deleita en las de otro, y me roba la vida poco a poco.
"¿Eres muy diferente a mí?"
Sí, lo soy, pero te entiendo, otras sábanas me robaron una vez.
Y aunque entiendo tu dolor, no lo siento.
Sus cristales no desangran la razón.
Ahogado en la nada no puedo alcanzarlo,
"ánimos a un nihilista", ¿palabras perdidas?
Razones encontradas tal vez.
Mientras siga ahi su voz, entre los hilos de rojo carbón,
y hasta que el cosmos le devuelva la risa,
yo estaré aquí, la misma de aquel sueño.
La que era una y dos a la vez, la de orejas de duende.
La de la eterna llama lejana.
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