fantasía
la luna, la luna se esconde entre los fríos pliegues
nocturnos del manto que es el cielo, como negándose a
darme siquera un suspiro de su fulgor. por la mente me
pasan estampidas de caballos multicolor. los rojos con
los ojos negros. los negros con los ojos rojos. todos
los demás son ciegos. como ciega voy yo, a tientas y
sola sorteando los residuos tóxicos abrasadores de
ideas. qué triste es el entorno, que feliz el final.
quiero llevarme todo el oro intangible entre las
faldas y saborear hasta la última gota de miel cósmica
de la boca de mi amante inexistente. La piel está
fría. Ignora si vive. Congeladas las células de lo que
antes tuvo color, y hoy es sepia cruda. Aletargada,
intoxicada, embriagada por los miligramos de
estupefacientes imaginarios en el torrente de sangre
transparente. Una llamada telefónica me separa del
paraíso olor a fresas. UN bocado de sal. UN cuento
inenarrable de intrínsecas verdades condenadas a no
pasar el detector de mentiras. Yo, tú, él, todos somos
mentiras. Leyenda, ave, venus, nido, árbol, río, mar,
manto, lecho, agua, cerca, flor. Reza por mi fin. Se
acerca. Lo huelo. Con una mirada me deja tan desnuda
como vine al mundo. Muerde. Me lame despacio los
hombros. Me succiona el labio inferior. Me muerde
hacia abajo empezando por el ombligo. Me obliga a no
mirarlo mientras recorre cada centímetro de mi
materialidad. Me tiene amordazada. Se detiene cada
cierto tiempo para hacerme sufrir. No puedo pedirle
que siga. Afuera, los pliegues del manto nocturno
glacial se arremolinan devorando a su paso la redonda
majestad del satélite natural. La luna, la luna no
está. Y yo vengo, me vengo, voy, y me voy... A
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