el último pedazo de sensibilidad amoratada
acobardada
destrozada
un fantasma de hacer escalofríos
persigue el susurro del hielo hasta el precipicio
hasta la orilla del río seco que es su boca
donde la naturaleza ha muerto en el olvido.
Consuelo universal de los locos
la agonía de las luces aladas
del vapor que se eleva hasta el cielo
del canto de una flor encarnada
que nada cual sirena, desnuda y desalmada.
Hasta el suicidio inevitable de la noche en llamas
y el tic tac de las navajas de sus ojos
y hasta el frío lascerante de sus dedos
se convierten en miel bajo la lengua
Encuéntrame donde siempre he estado
donde inevitablemente he de morir
donde mi sepulcro es de lágrimas de árboles
y hasta la brisa llora el augurio de mi fin.
Entiérrame con mis campanas...
con mi último pedazo de sensibilidad amoratada.
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